Directora de revista literaria (con carrito)

lunes, febrero 28, 2005

Nieve sobre el mar

Hoy ha nevado en la playa. Cuando al levantarme he abierto las persianas, no me lo podía creer. Desde mi salón, podía ver mi terraza cubierta de nieve y el monte completamente blanco. Corriendo, me he puesto unas botas y un chaquetón sobre el pijama, y he subido al tejado del edificio para comprobar si desde allí se veía la playa. Pero sólo veía una masa gris de nubes y tormenta, así que de vuelta en casa me he vestido con lo primero que he pillado y he caminado decidida los 15 minutos que me separan del mar. Por el camino me preguntaba si sería yo la única loca que saldría a la calle en mitad de una nevada para ver el mar, pero pronto me he dado cuenta de que no. A la playa llegaba gente desde varias callejuelas. Todos confluíamos en una plazoleta que sirve de mirador, y los más aventurados bajaban las resbaladizas escaleras hasta la arena, que estaba cubierta de nieve. Sonreíamos y nos mirábamos con complicidad.

Algunos llevaban cámaras de fotos, otros, como yo, imagino que han llegado allí movidos por la curiosidad y que con la sorpresa de recién levantados ni siquiera han pensado en la cámara ni en nada más, sólo en ver el increíble espectáculo. Encuentro algo de ingenuo en querer contener en una imagen un momento irrepetible, como si así lo hiciéramos perdurar. Las cámaras de fotos son una especie de máquinas de capturar recuerdos, pero los recuerdos son inaprensibles. En mi memoria hay una luz de mar sobre el blanco de la nieve, unas sonrisas cómplices, una sensación de frío que me transportaba a mi lugar de origen, el tacto abrigado en mi cabeza del gorro de lana que me hizo mi madre y la bufanda a juego rodeándome el cuello… Las calles medievales envueltas en aire y copos de nieve, la conversación en el supermercado, alguien que me dice que hacía 30 años que no caía una nevada así, y que no se recordaba haber visto nunca nieve en la playa… El regreso a casa, mi mecedora, un té, las vistas a través del cristal… La conciencia de saber que he sido testigo de un acontecimiento único.

¿Podría haber captado con mi cámara todos esos instantes de mi particular universo? ¿No serían esas imágenes, en papel o en pantalla del ordenador, iguales a las que mostrarán los periódicos mañana, a las que me dicen los amigos que están viendo en televisión? Intentaré grabarlas en mi memoria, el único soporte que puedo ir moldeando a mi gusto, prescindiendo de la objetividad de lo estático.

lunes, febrero 21, 2005

Muerte del nushu

Acabo de leer un interesante artículo sobre una lengua que desapareció en septiembre de 2004, al morir en china la última de sus hablantes, y que era una lengua escrita y hablada sólo por mujeres desde el siglo III de nuestra era: el nushu.

Muere el nushu, una lengua sólo para mujeres

Recomiendo leerlo entero, aquí sólo apuntaré la reflexión final del artículo:

La extinción del nushu es apenas una pequeña parte de una tragedia mayor: la mitad de las lenguas que son habladas hoy se habrá de extinguir hasta el fin del siglo XXI; cada dos semanas muere una lengua en el mundo.

domingo, febrero 20, 2005

Espejos y palabras

En Nicaragua conocí a mi yo nicaragüense. Es extraño cuando te encuentras con alguien en la otra punta del mundo con quien podrías haber intercambiado tu vida tranquilamente. Es algo más joven que yo, y se llama Milagros. De haber nacido yo en Nicaragua, creo que ahora mismo estaría haciendo lo que ella, terminando la carrera de periodismo y participando en una radio campesina encargándome de un programa para mujeres que las ayude a conocer sus derechos. De haber nacido Milagros en esta otra parte del mundo, probablemente estaría en mi lugar, trabajando de periodista y dirigiendo en sus ratos libres una revista utópica como Iguazú.

Hemos iniciado una larga correspondencia que va alternado entre las cosas que nos decimos por e-mail, y las cosas que preferimos plasmar en manuscritos que ni siquiera sabemos cuándo llegarán a manos de la otra. Por e-mail me dice que cada vez que comienza a escribirme le parece que ya sé el final de la historia, y a mí me pasa igual. También me dice que me está escribiendo manuscritos en hojas amarillas con olor a mango que encontró en un basurero... Yo mientras tanto le escribo en las últimas hojas de un cuaderno que compré hace ya tres años, cuando llegué a Barcelona y que sólo ahora termino.

Por supuesto, no dejamos los e-mails de lado, y me encanta recibir sus mensajes, largos, reflexivos, muy parecidos a una carta, a los que yo contesto con más y más palabras casi manuscritas sobre la pantalla del ordenador. Pero cuando en algún momento nos reencontremos, sacaremos las hojas dobladas de nuestros bolsillos, con su olor a mango, con su textura barcelonesa, y nos reconoceremos en esas palabras escritas en tinta, con nuestras manos, en cualquier lugar en el que de repente nos pensamos y nos sentimos tan cerca que basta un papel y un bolígrafo para transportarnos la una al lado de la otra, y milagrosamente, en ese momento, una palabra manuscrita es mucho más rápida que el más efectivo de los servidores de correo electrónico.

miércoles, febrero 16, 2005

Mecedoras y buzones

Me gustan las mecedoras. Cuando en Nicaragua alguien me dijo que allí las llamaban "silla abuelita", pensé que sin duda alguna yo tenía que hacerme con una de ellas para mi nueva casa. Puesto que allí las había por todas partes, y en España realmente no había visto, me pareció muy lógico llevarme una desde Nicaragua a España. Se la encargué a un "chavalo" de allí, Toño, que me la desmontó en piezas y colocó numeritos en cada unión para que luego ya la pudiera montar sin problemas. La metí en un saco y con ese paquete me presenté en el aeropuerto de Managua y llegué luego a Barcelona.

Ayer le contaba esta historia a un amigo mexicano a quien no veo desde estuve allí, en el 2001, y me dijo que no le sorprendía nada que yo me hubiese llevado una mecedora de Nicaragua si cuando estuve en México quería llevarme un buzón. Yo ya no me acordaba de aquello, pero tenía razón, por aquella época yo quería un buzón para mi casa del pueblo, pero todos los que encontré allí eran demasiado grandes. Un buzón es el lugar donde uno recibe las noticias del exterior, es la ventana abierta a las palabras de los otros; me parecía/parece importante elegirlo con cuidado.

Todavía no tengo un buzón, ni he decidido si el número de esa casa es el 5 o el 7. También quiero comprar un número para ponérselo. Mi tía-abuela Julia, que todavía vive en el pueblo, en diciembre cumplió 95 o 96 años, no lo sabemos muy bien. Yo algún día viviré en el número 5 o 7 de la calle Soria en Ciria. El panadero vendrá los lunes o los miércoles, tal vez los viernes. Hay algo de inconcreto en mi mundo de mecedoras y buzones, y me gusta.

martes, febrero 15, 2005

Fotos de la presentación de Iguazú en Cadaqués

Albert nos ha enviado amablemente una serie de fotos...

Las podéis ver en la web de Iguazú.

Dado el éxito de la reunión, estamos pensando en crear un "foro iguazú" en internet que sirva de encuentro para las diferentes propuestas que encontramos interesantes o en las que estamos metidos..., en la ciudad en la que cada uno se encuentre... (y estamos en muchos sitios y varios países).

Cualquier propuesta para el foro nos la podéis enviar por mail a redaccion@revistaiguazu.com

sábado, febrero 12, 2005

Universo blog

¿Cómo llega uno a hacer un blog? Últimamente estoy pensando mucho sobre mis propios motivos para estar escribiendo esto aquí y ahora. Yo nunca he sido una fan de la última tecnología. En los términos de Umberto Eco, si tuviera que elegir entre "apocalípticos" e "integrados", me definiría como apocalíptica sin duda. Y sin embargo la vida me ha ido llevando a ser una auténtica integrada.

Yo en 1998, antes de irme de Erasmus, renegaba por completo de Internet. Creo que apenas si había visitado una o dos páginas y por pura obligación. No me gustaba ese medio nuevo que deshumanizaba y reducía a las personas a unas letras detrás de una pantalla. Donde estuviera una buena carta manuscrita y pensada, que se quitara un rápido email escrito con la misma velocidad que el medio que lo transportaba (en cierta forma sobre esto todavía pienso así, pero ya lo desarrollaré en otro momento).

En el año 2000 era la experta webmaster de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la Universidad del País Vasco. Cómo llegué ahí es un proceso curioso, en el que creo que la principal causa fue mi tendencia a convertirme en lo que los demás creen que soy. Y en un momento dado alguien creyó en mí como experta webmaster y en eso me convertí. Eso y que me gustan los retos, y que siempre me han gustado las matemáticas, y que en su día los test psicológicos del instituto decían que yo iba para ingeniera, aunque yo me empeñara en escribir, ganara concursos literarios y siempre tuviese claro que quería ser periodista.

Sigo teniéndome por apocalíptica, a pesar de que tengo un iBook de última generación y una conexión wifi de ADSL, un disco externo mini de 60 GB que me costó un dineral, varios dispositivos usb, videocámara digital, todo tipo de cables... y que reconozco que los estantes del Media Mark me tientan tanto como los libros en la sección de poesía de una librería.

Me echo las manos a la cabeza al enterarme de que el blog Antes muerta que sencilla ha sido convertido en un libro por Aguilar. Reconozco que yo, que nunca leía blogs, había caído en este por pura casualidad y me había detenido en él lo suficiente como para colocarlo en "Mis favoritos", aunque nunca más volví a leerlo. Mi yo apocalíptico reniega de la idea de que un diario on-line pueda acabar siendo un libro. Mi yo integrado me recuerda que la tecnología empleada para publicar algo nada tiene que ver con la calidad de lo publicado. El epílogo del blog Aquí cabe toda la vesania es una buena muestra de ello.

Mi yo integrado decidió crear este blog, todavía no sé con qué intenciones. Mi yo apocalíptico sigue escribiendo en libretas de papel reciclado con bolígrafo negro, recreándose en el sonido del bolígrafo al rozar el papel, y en los matices de tinta de cada palabra. Todavía no logro conciliar a los dos. Y todavía me pregunto cómo llega uno a hacer un blog.

viernes, febrero 11, 2005

Alejandra Pizarnik

Acabo de descubrir que el Centro Virtual Cervantes tiene un monógrafico dedicado a esta poeta argentina. Merece la pena visitarlo, tanto por los textos de la autora como por las imágenes que los acompañan y los artículos de referencia:

http://cvc.cervantes.es/actcult/pizarnik/

jueves, febrero 03, 2005

Regresando

He estado retrasando varios días la lectura de las últimas páginas de Viajes con mi padre, de Luisa Castro, como quien retrasa el momento de la despedida de un buen amigo.

Al cerrar la última página me he sentido, como siempre que termino un libro, un poco desamparada. Es como si cerraran un refugio en el que he permanecido resguardada varios días y ya no pudiera regresar más a él. He vuelto la mirada hacia el mundo supuestamente real, hacia mi escritorio, mi ordenador y allí, de forma extraña, ha surgido una pequeña luz para orientarme. Debajo del ratón, a modo de alfombrilla, tengo un ejemplar de la revista de literatura Grial, que compré en Santiago de Compostela cuando presentamos Iguazú allí el año pasado. Allí había unas palabras de Luisa Castro, a las que ahora he regresado:

Ser fiel á verdade e á realidade é moi complicado de conseguir porque eu creo que a literatura sempre vai por detrás da vida, pero sen isto non ten ningún sentido a literatura, sen este empeño de perseguir a realidade, de atrapala e de retratala, de facérnola ver. E cando unha cousa se viviu moito e se coñece ben e se quere moito, no queres mentir. Viajes con mi padre é o empeño de escribir un libro no que meu pai, un mariñeiro calquera, se puidese recoñocer.


También en Grial me ha asaltado Rosa Regás hablando de su novela Azul, un libro que "liberé" en Nicaragua no hace mucho sin haberlo leído, y que ahora parece que me señala el camino hacia la biblioteca. Pero sobre este libro, ya hablaré más adelante...